En el siglo XVIII llegó la planta a Europa traída por el naturalista español Antonio José Cavanilles, director del Real Jardín Botánico de Madrid, para mejorar sus instalaciones. La reina Josefina de Francia era una entusiasta de esta flor y en su jardín del palacio de Malmaison tenía una preciosa colección con distintos ejemplares.
En el siglo XIX la dalia era una de las plantas más apreciadas y todo el mundo las tenía en sus jardines. Junto con los crisantemos era considerada una de las flores más decorativas y abundaban las exposiciones y concursos para la obtención de nuevos ejemplares.
En 1828 aparecieron las dalias enanas, en 1840 las dalias pompón y liliput, en 1870 las dalias cactus y dalias de fantasía. Ya en el siglo XX las dalias collettes y las nenúfar. Durante la segunda mitad del siglo pasado decayó su popularidad aunque nunca han llegado a caer en el olvido.

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